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Taller de poesía


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Saúl Ibargoyen – Presentación

Saúl Ibargoyen un uruguayo radicado en México, poeta, narrador, docente, militante. Fue uno de los fundadores de Asesur, la Asociación de Escritores de Uruguay.

Con tantos títulos editados, 70 por lo menos, se hace difícil presentar a Saúl y su obra.

Menos mal que me acotó bastante la intervención, me encargó presentar un solo volumen. Pero qué. Un solo libro que además es una antología y para empeorarla no tiene nada que ver con su mirada íntima, su erótica mía, sus emociones y desilusiones y afectos muy intensos. No. Es una antología personal de poesía militante que abarca desde 1958 hasta el 2014. Recopila sus poemas “sociales” ya publicados y me atrevería a decir con algunos retoques, actualizando un verso aquí una palabra allá, por ejemplo en el que inicia  El escriba otra vez, cuando introduce, como un cronista atento y dolido, Ayotzinapa lo que inmediatamente nos remite a los 43 estudiantes desaparecidos.

Una hermosa edición argentina con prólogo de Jorge Boccanera quien comenta “que es una escritura vibrante por la libertad” y que “su poesía es una exploración constante, desde ángulos diversos a los incontables universos de cada día”.

Poemas sociales, poemas políticos, poemas llenos de humanismo. Saúl arremete con el orden pre establecido y le pega con rabia, con argumentos, posicionándose en el papel del poeta que además de amores, desgarros, que le dan materia prima para su creación, doliéndose o exaltándose con sus propias peripecias, se planta y como Terencio clama que nada en el mundo le es ajeno. Y se compromete. Esos poemas seleccionados a partir de libros ya publicados, así cobran más sentido. Es como si Guernica de Picasso  junto a los trabajos de Goya, y los versos del Vallejo lacerado por la Guerra Civil española se hubiesen conjuntado y gritaran su dolor por el mundo que se nos va de las manos. Que se nos va pero que tozudamente con la denuncia de las atrocidades, mantiene en sus versos un esperanzado llamado a la paz, a la posibilidad de vivir en una sociedad mejor y como señala el prologuista, es un canto a la libertad. No le es ajena la historia ni los líderes ni los que revolucionaron el pensamiento en teoría y praxis. Dice en elBorrador para un poema a Carlos Marx: “ un hombre con ropas cansadas camina sencillamente por las duras calles –que suponemos húmedas – de Londres. Debajo de su barba dispuesta para sólidos retratos silenciosa ante los hijos muertos deshecha en el taller generoso de las revoluciones. la corbata anuda una flor solidaria y un corazón trabaja bebiendo las voces de Europa las miserias y luchas totales que explican y cambian el mundo”.  Y le dedica un poema al ché y otro a Lenin, a Hiroshima, increpando al presidente de los EEUU, Harry Truman: “y es curioso que el señor Harry Truman también haya fallecido en Hiroshima City o en Nagasaki City – dos ciudades gemelas en el dolor- adonde todavía tanta carne quemada lo recuerda”.

Y aquí una reflexión.  ¿Es lícito que un poeta, encare entre sus obras también los temas que hacen a la política?

Neruda en plena segunda guerra mundial le cantó a la epopeya de una de las batallas más determinantes para la derrota del nazismo: “Yo escribí sobre el tiempo y sobre el agua, describí el luto y su metal morado, yo escribí sobre el cielo y la manzana, ahora escribo sobre Stalingrado”

Roque Dalton y sus poemas es otro ejemplo más cercano, de poesía militante.

Creo que sí. En el sentido gramsciano del intelectual comprometido con su tiempo y con la humanidad. Claro que son opciones. Yo siempre apelo al pobre BB que concebía sus piezas teatrales como espectáculo pero también como un sacudón en los asientos del espectador. Capaz que nos remontaríamos a escritores como Tolstoi que escribió La guerra y la Paz y nadie osa poner en tela de juicio que era un alegato a favor de los hombres.

Bueno, Saúl le puso título a la presentación. Cantar pa’ delante. De eso se trata. Si habrá que cantar. Cantar para avanzar aunque haya retrocesos en este camino hacia la liberación definitiva.

Muchas gracias.

Betty Chiz

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POÉTICA DEL VIENTO, TERRITORIO SONORAMENTE SIGNIFICATIVO – OSCAR WONG – SOBRE ERÓTICA MÍA DE SAÚL IBARGOYEN

Poética del viento

Territorio sonoramente significativo

Oscar Wong

Desacralizar a la poesía, ahondar en la dimensión lingüistica, buscando las posibilidades del lenguaje, partiendo del vínculo estrecho: expresión-contenido-intención-resolución, fue, a mediados del siglo XX, una pretensión y un lobro. En este sentido, Fernando Alegría señalaba la clara orfebrería de índole ornamental en la primera etapa de Vicente Huidobro -“de raíz parnasiana y tonalidad romántica”- y el lenguaje cotidiano mezclado de fórmulas pedagógicas y sentencias de pillería popular, que unía obscuridades y claridades en Nicanor Parra.
Esta manera de enfrentar al mundo partía de dos vertientes: 1) el mundo como caos y el hombre víctima de la razón y, 2) la actitud revolucionaria, donde la realidad se mostraba en su complejidad y hondura, por lo que ante el desmoronamiento de la racionalidad establecida, el poeta busca redescubrir la cadencia implícita en el lenguaje y apoyarse en las asociaciones de sentido que la escritura postula. Es evidente que la Revolución Cubana, así como los procesos sociales en Hispanoamérica -golpes de Estado, gorilatos, represión, persecución y encarcelamiento, etcétera-, marcó la pauta. La expresión lírica generó ese logos social, que conciliaba la ética y la estética. Literariamente hablando, México continuó con su tono crepuscular (Pedro Henríquez-Ureña dixit) y salvo algunos autores como Sergio Mondragón, Efraín Huerta y los integrantes de La espiga amotinada, no hubo pretensiones de vanguardia o de adecuación de los contenidos versiculares.
Pero si Huidobro descubrió los ritmos internos, el valor técnico de la imagen y trabajó la zona del lenguaje con una estética basada en la fanopea (como indicaba el viejo Pound), donde la imagen, no del orden ornamental, sino como visualización dinámica, repercute en el aspecto morfosintáctico, provocada por el movimiento, la tensión interna del verso. En la poesía de Saúl Ibargoyen se advierte y se revela la presencia de la realidad sugerida a través de superposiciones, desnudando al lenguaje de su exterior retórico y devolviéndole su sentido primigenio, su preciso contenido, como se advierte en Nuevas destrucciones, publicado por el instituto Mexiquense de Cultura, en su Biblioteca Mexiquense del Bicentenario en 2008.
En este libro, Ibargoyen se plantea, líricamente, cómo abordar el entorno circundante a través del lenguaje, de la palabra, observada como “forma escondida” en busca de “vibraciones hálitos humedades”, o bien como:

un sucio núcleo de luz nunca tocada
donde cada nombre
de cada soñada muchacha o mujer
o sólo hembra
alcanza a renacer
y se disuelva

Armonía racional, sí, de expresión sensorial, enfrentada al juego sonoro de los significantes -la idea generando el ritmo, como advertía Huidobro-; prosaísmo, frente a un lenguaje acaso violentado. Pero siempre la radicalidad: borde y reborde del Yo poético, desplazando lo extremo. Previamente, en un poemario triunfador en los XXXIV Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro en 2004, denominado precisamente ¿Palabras?, el poeta uruguayo, ahora nacionalizado mexicano, se asume como escriba, como un cronista que testimonia las “iluminaciones / de energía congelada”, aunque finalmente “penetra las fibras o raíces / del polvo extranjero”. Aquí también la preocupación social se establece como una firma mojonera lírica, así como la desacralización metonímica:

El sol de esta tarde
camina entre el polvo
que otros osles viejos
pisotearon.
Hay cenizas
renovándose en las calles
calientes de Ensenada.
Y en ti se produce
la levedad de una sombra
que tal vez
no acabe de pasar

Coincidencias, territorialidad del lenguaje y la visión cotidiana, con una estética que pretende establecer, apropiarse de la realidad inmediata con un lenguaje desacralizante. Lo discursivo frente a la exaltación lírica -entretenida como emotividad cuasi desbordada y, por tanto, centrada en el sujeto-, que genera reflexiones lingüísticas, puesto que la analogía fónica genera una analogía de sentido. Y lo que el chileno Huidobro manejaba -abandono de la métrica y la puntuación, manejo metonímico no como ornamento sino como un specto incorporado a la sonoridad versicular-, también se advierte en Erótica mía, poemario de Saúl Ibargoyen, que ahora celebramos. Amor, como deseo de completud, ciertamente. El erotismo manifestado en imágenes terrenales, cotidianas, aunque no exentas de lirismo.
Erótica mía puede considerarse, en su conjunto, como blasón, como un canto férvido a la mujer, a la dómina, a la dueña, como anhelaban los trovadores provenzales del siglo XII. Aunque la exaltación del amor desgraciado, que significa a la poesía trovadoresca; el amor perpetuamente insatisfecho, no se presenta en Ibargoyen. La mujer es real y concreta, no idealizada… aunque se le canta de maenra sensible, emocionada. Esa es la gran diferencia entre la visión contemporánea y la de los trovadores y troberos. Poer eso el poeta Ibargoyen es capaz de salmodiar eróticamente lo siguiente:

Besar es oficio
que a veces nos pierde
en bocas de bestias oscuras
en grietas dolorosas
que el sudor ilumina.

O bien establecer los límites entre la realidad literaria y la realidad del entorno:

A toda voz claman por ti
los timbres del teléfono
y tus orejas se acuestan
sobre el cable blanco
por donde corre el susurro
de mis dedos
que marcan y destruyen
una cifra de incansable impaciencia.

La propuesta estética, discursiva, es reveladora. Se canta al amor humano, mundano, agregaría, puesto que la pasión remite a la sexualidad, que indudablemente debe ser saciada. Aquí la pasión asume la forma del deseo, “y ese deseo, a su vez -Rougemont dixit-, se disfraza de fatalidad”. Es válido recordar lo que en El amor y Occidente precisa Denis de Rougemont:

El ardor amoroso espontáneo, premiado y no combatido, es por esencia poco duradero. Es una llamarada que no puede sobrevivir al resplandor de su comsumación. Pero su quemadura continúa siendo inolvidable y los amantes quieren prolongarla y renovarla hasta el infinito.

Pero si arqueológicamente y míticamente el lenguaje, la palabra misma, extravió su primera substancia, su transparencia, en virtud de la dispersión que ocurrió en la Torre de Babel, es válido buscar ese secreto que la palabra contiene en sí misma, no en la superficie, y recuperar los huecos léxicos, esa significación que subyace petrificada en la palabra, como obserba Héctor Álvarez Murena en La metáfora y lo sagrado. Originalmente los nombres denotaban aquello que designaban; aunque aún persiste un fragmento silencioso, un saber que tiene esas propiedades inmóviles que subyacen en ese espacio que la similitud, la analogía, dejó en la nada, en el vacío. La semejanza de las cosas se ha extraviado. y más de una lengua a otra, revela Foucault.
Este extravío substancial, lírico, ha sido abordado por Ibargoyen en Erótica mía donde la expresión asume una doble vertiente: escritura y lectura y, además, una visión del mundo contemporánea. Hay, desde luego, un pernne cuestionamiento sobre los modos de poetizar, soslayando los rígidos cánones tradicionales -métrica y rima- y concibiendo al verso como un código ritmo, un ámbito sonoro donde la respiración y la tensión interna juegan un papel determinante, puesto que pretende abordar las posibilidades que el lenguaje ofrece para entregar el contenido del poema. Se advierte el fraseo prosódico, la oralidad que se entroniza en la grafía.
Previemente hubo, desde luego, que subvertir el orden, el statu quo de la expresión lírica para generar un logos social, por lo que ahora la poesía significa testimonio y conciencia, praxis e ideología. Logos social, sí, sensualmente amoroso, donde ética, estética y erótica pretenden conciliarse en ese espacio textual del poema, en ese territorio sonoramente significativo.


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PRESENTACIÓN DE TODO Y NADA-EDGAR PAZ

TEXTO ESCRITO POR NELIO EDGAR PAZ PARA LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA TODO Y NADA, DE SAÚL IBARGOYEN, QUE SE LLEVÓ A CABO EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2015 EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA EN MÉXICO

.

Es imposible que me proponga comentar este nuevo libro Todo y nada de Saúl Ibargoyen, sin hacer referencia a otros anteriores: Toda la tierra (año 2000), Sangre en el Sur (2007) y Llorar pa´delante (2013).

La mención a ciertos tópicos que el autor ha tocado en casi todos ellos me permitirá desbrozar el terreno para que caminemos juntos en esta aventura narrativa. No es una sorpresa para los lectores que ha cosechado Saúl en estos últimos tres lustros su capacidad para la creación de personajes anclados en una intemperie emocional, en un desastre personal que siempre termina arrastrándolos hacia un remolino poderoso o un agujero negro, y tragándose a todos quienes se acercan, o nos acercamos, a sus bordes engañosos y tentadores.

La novela que hoy nos reúne es el resultado de la labor de múltiples narradores, y también es casi un coro teatral griego el que nos va guiando en la historia de la familia Hudson, desde la aparición en escena del patriarca de la dinastía, John Richard, gringo que amasa su fortuna como tantos terratenientes, sobre la explotación de braceros y migrantes, pero que muere violentamente a mano de uno de sus peones. Su viuda, que carga un hijo adolescente llamado Marcial, vende las tierras y cruza la frontera hacia un destino incierto. Hago la acotación de que siempre hubo y habrá fronteras en los libros de Ibargoyen, ya como vano intento de impedir el contacto humano o como territorio propio y diferente de los demás.

Marcial será entonces el constructor del imperio del café Kawa, que además de la exacta mezcla de los granos perfectos importados de regiones exóticas, se basa en el agregado no muy estrictamente dosificado de un polvillo blanco que eleva y potencia las cualidades de la bebida aromática. Así ha conquistado mentes y mercados la familia Hudson, pero también se ha enriquecido escandalosamente enroscándose sin pudor con los políticos corruptos y con los poderosos medios de comunicación como Tevetodo, aquellos que crean, sostienen y endiosan a esos políticos, propiedad de los hermanos Emilio y Emiliano Mascarra. Debe escucharse cómo se abre un paréntesis: cualquier contacto con la realidad de algún país en el mundo es solamente coincidencia; se oye cerrar el paréntesis.

Micki, el delfín del imperio, recorrerá su camino vital rodeado de personajes que solamente este grupo de narradores puede crear: un “valet” al viejo estilo del siglo XIX, pero aggiornado para todo servicio de verdad, desde bolear zapatos hasta prestarse de buen gusto a los tríos amatorios, Tu Chang, obviamente un chino pero no cualquier chino, porque este profesa la religión de los judíos sin despreciar el taoísmo o la lectura de la Cábala, un chofer “brasiliano”, Adriano (la rima es de los narradores e involuntaria), ex futbolista, portero que se negó a las corruptelas de la FIFA y se transformó en un paria, Amancia, una nana que cumple las mejores fantasías de un complejo de Edipo no realizado con la verdadera madre, Antonieta Urrieta Mendieta, y un cura, siempre hay un cura en las novelas de Ibargoyen, Bendito Puro Facholo. La galería de personajes se extiende mucho más, algunos de ellos con nombres inspirados en emperadores romanos (Augusto, Neroncio) o guerreros famosos como Alcibíades, padre de Micki, protagonista éste central, pero nunca único, de la novela.

El hilo visible y cada vez más brillante del sexo practicado con todo y con todos, los diferentes especímenes que aparecen desafiando inclusive la imaginación más atrevida, el ritmo galopante de una vida exprimida sin contemplaciones ni medida hasta la última gota por Micki no excluye, aunque parezca contradictorio, el que en muchas ocasiones él y otros personajes se encuentren buceando en reflexiones que los sorprenden.

Como parte de una manera de narrar inusual, aparecen en el texto neologismos e invenciones de términos que recurren al sincretismo lingüístico, y es así que los personajes más encumbrados nos hablan con términos vulgares mientras los más ignorantes, en apariencia, se dirigen al lector mezclando estilos arrabaleros con parrafadas seudofilosóficas.

El novelista se inventa y se apoya en varios narradores e incorpora los testimonios de informantes, fragmentos de diarios personales, espionajes mal realizados que se resumen, traducciones instantáneas al mejor estilo de los navegadores web. Así, el “escriba de pie” invita al lector a un juego en el que quien recorre las líneas escritas en papel de izquierda a derecha será sorprendido por recursos irónicos o pequeñas trampas a nuestra ingenuidad y a nuestra fe en la letra impresa. Se agradece que así sea, dado que el hilo de Ariadna de la narración prosigue, sin antes ni después.

Saúl juega con nosotros, pero juega también con la verdad establecida acerca del tiempo, ese que hemos dado en llamar “tiempo real” y se apoya en Stephen Hawking para llevarnos a la duda de que “en esta dimensión (la de la novela, aclaro) los tiempos funcionan de otro modo.”

También en varias de sus obras, Saúl ha vuelto una y otra vez sobre temas que parecen ser cardinales en el desarrollo de su narrativa: el o los narradores, los tiempos simultáneos que se superponen y recombinan situaciones solamente explicables con la física cuántica, donde se afirma, luego de experimentos realizados, que ciertas partículas subatómicas son capaces de estar presentes en dos espacios al mismo tiempo. También, debe aclararse, aunque el autor no cree en la casualidad sí es devoto más bien del azar, que es otro dios diferente y con más poder. La inquietud de Saúl por el tiempo, el o los narradores y su conexión con un o unos posibles lectores, aparece también en otros textos suyos, por ejemplo, cuando nos dice:

“Lo que cada lector lee es sólo la cáscara de un complicado acontecer siempre impermanente, tan subjetivo como colectivo”.

“El posible lector (o escucha, en caso de que le cuenten esta ya encarrerada narrativa), habrá de sospechar, casi de seguro, que algo no se ajusta a la contextura del personaje central”.

Llorar pa´delante (2013)

“Lo que es muy cierto, señor, créame, es que uno termina por no darse cuenta si vivió la coyuntura o se la contaron (…) o como una vez que alguien me contó mi propia historia que yo le había contado… como si fuera la de él.”

Sangre en el sur (2007)

En 2013, con motivo de la publicación en Montevideo de Llorar pa´delante, comentaba Saúl en una entrevista:

“Al lector se le abren muchas opciones… El autor, o los autores, lo que pretenden es mostrar sucesos en distintas dimensiones, distintos planos, para que el lector tome de ahí lo que quiera, que haga lo que quiera, que plantee sus opciones, no se trata acá de un presunto autor que tenga toda la verdad, el autor no es un dios (…).”

Coincido, el autor no es un dios, pero Micki sí, porque de esa forma se ve reflejado en un espejo y así se siente, de allí que aparezca un día en los estudios de Tevetodo con ropajes y plumas de Caballero Águila.

Puedo imaginar, o mejor dicho casi asegurar, que la novela de Saúl está inspirada en la breve y expansiva vida real del magnate argentino Ricardo Fort, heredero de una poderosa industria del chocolate, que acumuló al final de su periplo existencial más de 200 millones de dólares, dos hijos producidos en un vientre de alquiler y 27 operaciones en su sufrido envase carnal.

Ese personaje y esa persona real también utilizó la televisión para promocionar, vender y explotar no solamente su imagen, que de eso se trata la televisión, sino para engrosar sus cuentas bancarias, así como en la novela un terrible suceso servirá para que la familia Hudson, en

alianza con Tevetodo, prosiga en la cúspide de la lista de los más “ricos y famosos” de Forbes.

No ha sido el novelista, el narrador, quien inventó las clases sociales. Pero sí sabe muy bien de su existencia y de la tozuda voluntad milenaria que han acumulado los poderosos junto a montañas de dinero para presentarse como seres diferentes, mejores, elegidos, tal como lo han hecho los Hudson con su imperio del café Kawa. Pero la señora de la guadaña, la parca, la calaca, muy democrática ella, no repara en esos detalles y se los chinga igual (Ibargoyen dixit).

Y una última acotación: Saúl exprime y doblega una manera de escribir que ya domina en su narrativa y nos enfrenta a esa verdad que por sabida no es menos verdad: los poderosos y sus Academias de la Lengua (Reales, con mayúscula, y de las otras, las plebeyas) han diseñado una estructura de comunicación a través de la semántica y el significado de las palabras para disimular, engañar y ser “políticamente correctos”, en particular con la denominación del cuerpo y sus funciones.

Pero Saúl, profundo observador del paisaje geográfico y humano de su tiempo, es él mismo tan profundamente humano que no desprecia ni ahorra descripciones que chocan con “el buen gusto” o son francamente escatológicas. Escuchemos cómo lo decía en Toda la tierra en el año 2000:

“Porque toda mierda, dijo mi abuelita, es un simple montón de fecalidades mal digeridas. Y porque el dueño de los dineros no caga: se alivia; y no duerme ni ronca ni carraspea: descansa; y no coge ni bombea ni templa ni trepa ni fornica: ama; y no traga: se alimenta; y no se hace dar por atrás: accede a graciosas posturas…”


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A CUATRO MANOS-POEMAS COMPARTIDOS-SAÚL IBARGOYEN, JULIETA CORTÉS, MAITE VILLALOBOS, HORTENSIA CARRASCO, KARINA BALDERRÁBANO,

Estos mentefactos, denominados poemas compartidos, tienen un obvio apoyo en mi compatriota Isidore Ducasse (Montevideo 1846-París 1870), quien en sus Poésies II afirmó algo irrebatible, pues él buscaba, como sabemos, las leyes, no los fenómenos pasajeros: “La poésie doit etre faite par tous. Non par un.”

Por lo tanto, se nos ocurrió -casi como un reflejo del “ocio creador” de Goethe- invitar a cuatro musas-poetas amigas a co-escriturar versos libres nucleándolos desde una sencilla y aquí no revelada metodología. Un trabajo comunitario, pues, que confirma en nosotros la premisa del inventor del Conde de Lautréamont (este a su vez creador de Maldoror).

Todo impulso creativo (ya sea a partir de una frase volandera, ya se formule desde una excitación sensorial o desde una línea iniciática asentada por dedos externos, o como destello de una memorización súbita de lejanos orígenes, o como impacto de sucesos sociales, o como eco de un sueño silencioso) solo puede ser compartido parcialmente, en el sentido de que nunca lograremos saber si la expresión verbal-versal asumida llega a ser, en rigor, una verdad artístico-estética.

En consecuencia, hemos propuesto esta labor escrituraria a cuatro amigas mexicanas: Julieta Cortés, Karina Balderrábano, Maite Villalobos y Hortensia Carrasco, ex presuntas alumnas de este presunto maestro. Verso a verso, con pausas, dudas, demoras, tiempos distintos, quizá temores (¿qué vero poeta no tiembla al elegir palabras que también lo están eligiendo?), fuimos alzando constructos verbales-versales que, según nuestras certezas, se nutren inevitablemente de una masa de sustancias lingüísticas que saturan las dimensiones sociales de la Historia. Sin ese alimento no habría lo que denominamos poesía, por más que la producción versal tienda a una babelización de la llamada “lengua lírica”, pretendidamente “universal”. .

Podríamos mencionar el inconsciente colectivo de Karl Jung y las operaciones mágicas de los chamanes; y hasta el big-bang del cosmos conocido que provocó el nacimiento del tiempo desde una materia-energía que siempre estuvo ahí (¿dónde?), porque las vibraciones e iluminaciones que nos llegan al cabo de una travesía de más de 13 mil millones de años, derramaron -desde muchísimo antes del homo sapiens sapiens- la posibilidad del canto, que muy añejas especies ejercen hasta con rima…

Dejemos a un lado los vacuos recursos de la retórica, los procedimientos apegados al discurso oficial, los prejuicios en los sistemas de enseñanza, las preceptivas post y neomodernas -tan rígidas como la de Boileau y las definiciones de algunos diccionarios-; miremos hacia atrás con los ojos de la nuca: por allí se mueve lo que llamamos futuro, pues frente a nosotros está el pasado, porque ya lo vimos (concepto del tiempo en el Altiplano de América del Sur) y el presente es solo lo que es: un fluir continuo del espacio que nunca será apresado por la eternidad. Miguel de Unamuno en su último soneto asentó: “del tiempo al fin la eternidad se adueña”. Hermoso verso, pero no.

Finalmente, debo agradecer a las musas-poetas su colaboración y su confianza, pues si cuesta saber cómo será el primer verso, es bien difícil o imposible conocer el proceso de una escritura a dos manos, y más si son cuatro que no aceptan “hacer garabatos en un plato”, sino confirmar que lo que llamamos poesía es un producto de la especie humana realizado por todos y para todos, como han sido el lenguaje y la escritura. Si hasta a veces pensamos que los libros o conjuntos de versos (en pantalla o en papel, en voz o en música) no deben llevar nombre de autor. ¿Queda sugerido que esta muestra no terminará aquí? Vale.

Saúl Ibargoyen

Ciudad de México, 2015

.

I.

(con Julieta Cortés)

ATARDECER

El color del ocaso es como miel de sangre

Que derrama la estrella en su intento de ocultarse

Mientras los viejos muelles se apartan

De una nave extranjera

Quedándose varados en una espera de mañanas

Pues el aire ya no vuela: solo es una cáscara

Del cielo

Donde las aves desgarran añoranzas de viento

En un espacio sin término adonde crecen

Burbujas de luz

Que desafiantes buscan sobrevivir al momento

Y así seducidas por el destello explotan

.

PÁJAROS OSCUROS CAEN DEL CIELO

En los cielos más cercanos crecen huecos blancos
como enredaderas que forman nidos de calcio
como rígidas rosas de pétalos inciertos.
No hay color que favorezca su textura:
cascarones de aves que no acabaron de nacer:
es que el mundo de los vuelos se cierra
como una campana cansada.
El tañido dentro es aleteo constante
implosión de pájaros que deletrean en cantos
su estrategia de libertad:
pero el aire ya no es libre y vacila
azotado por un viento negro
derrotado por picotazos de luz
y óvulos de hueso
mientras las partículas que la noche ha inventado
chocan con miradas ciegas
y se confunden con restos de una creación que flota
que por instantes está a punto de caer:
debajo espera un silencio de materia corrompiéndose
en un vértigo de fotones enterrados
que como luciérnagas abren canales
donde otra luz se negaba a nacer.
Todo pues debe hundirse
para levantar su vuelo:
todo comienzo tiene un origen
en la primera sombra.

.

NOMBRAR Y CANTAR
Cómo nombrar si en el crepúsculo va toda la sangre de los hendidos
sí cómo nombrar los siete colores y las siete sombras
buscando la palabra en los misterios y números
de divinidades que se niegan a sí mismas.
Pero sabemos que en este más acá de nosotros empieza
también el silencio
transitorio como un día cósmico porque vendrá su verbo
a transformarlo todo
aunque ese verbo no estuvo en el inicio del tiempo
fue canto a su vez y grito de dolor como en todo nacimiento
es que la totalidad debe nacer para que el espacio de la sangre crezca
y fluya sin remedio por arterias de noche y luz
similar a un látigo de sombra golpeando vértebras silenciosas y solas
nombrando y cantando a la vez formas finitas y libres
en procura de un nuevo límite para que los huesos canten.

 

 

.

II.

(con Karina Balderrábano)

SIMPLE LUNA

La luna desconocida se aferra al cielo

Con sus hilos de sangre

En el palimpsesto cobalto de noches estrelladas

Y los hilos que unen lo oscuro del cielo

Muestran su pesado metal:

Se sabe majestuosa perla gris

Del mar que edifica los sueños

Sueños en la sustancia no tocada por la realidad

En la incandescente y generosa redondez

De la luna plena:

Porque todo espacio se mueve sin nosotros

Y uno se pregunta dónde está nuestra sombra:

En los mares que reflejan los cuerpos

O en las constelaciones que se nos derrumban:

Una caída donde el tiempo de hoy

Quiere detenerse

Como un espacio que deifica silencios interiores

Y cánticos de sirena:

Pero todo espacio es devorado por la luz

Por gajos de luz y penumbra de astros

Que crecen en la luna habitada

Por un mínimo universo.

.

MÚSICA RESPIRADA

Mis olvidos se van a la fosa común

A la pira de las inatenciones

Pero siempre habrá restos

De recuerdos invulnerables

En el laúd de casa que guarda

Mudos secretos y anhelos de los años bisiestos

Tal vez porque toda música lleva

Un silencio oscuro lento inevitable:

También hay murmullos lumínicos

Fraguando otros silencios

Y alguien respira en el costado

Más hondo de cada noche

Debajo de colchones cansados y adormecidos

Y una persona sin rostro aquí

Contempla las paredes muertas

Y muertos los sueños ya son astros fugaces

Que huyen por las ventanas:

Pero el cielo se mueve y entreteje

Una urdimbre de sucia soledad

A la par que mis ojos cuelgan del techo

Y sienten la fragilidad del mundo.

.

III.

(con Hortensia Carrasco)

ESQUINAS

Solo el rumor de un pájaro queda en la esquina

Donde chocan las calles y el asfalto grita

La indiferencia cae a plomo y nos fastidia

Y la lluvia del otoño muerta deja encada ojo

Una mancha de sal:

A través de de una grieta vemos que la mácula

Es una multitud que escapa

Mientras una estela de gatos masacrados señala

La raíz del corazón urbano.

Un latido se come a otro latido adentro de una jaula

Y el aire es una piedra adonde muere la luz.

En una esquina el silencio es el impulso

Que nunca llega tarde

¿Será el mismo silencio que el polvo canta al caer?

¿O una mirada que recibe el flamazo de lo oscuro?

Percibimos así el aviso del primer abandono

Como sombra arrojada en la banqueta.

.

CIUDAD SIN CIELO

El azul del aire es solo un deseo de ojos desahuciados

Un hombre solloza porque le duelen las contradicciones

Olvidando el costado animal que lo empuja hacia la tierra.

Hay días con el plumaje descuartizado

Y el volar es un consuelo innecesario

Y existe también otro hombre sin bautizar

Caminando por calles que tiemblan:

En sus cicatrices se crían y crecen los actos de la furia

Y su pecho es un hueco sin rencor sin olor ni dolor.

Una paloma es la fatiga que picotea en su espalda

Y sus ropas se desprenden como cadáveres insomnes

El sol lo orienta hacia la orilla de lo solo

Y el crepúsculo sepulta su vértigo bermejo

Entre neblinas carnales y sin fin

Y la ciudad desciende se quiebra ante sus ojos

Y la soledad mastica nieve mientras espera

En el quicio de la última puerta.

.

IV.

(Con Maite Villalobos)

MATERIA VIGENTE

Mira la tierra debajo del polvo:

Ahí empieza la oscuridad.

Mira cómo la gallina arrastra una nube

Con entrañas de lodo

Porque la tierra ha subido más allá

De la línea de la Madre sol

Y de noche se descuelga por las goteras

Que rodean vigas preñadas de sangre:

Pero esa tierra no es tierra sin viento

De áspera ceniza

Que la recorra llana como alimento

De la madre nutriz

En tanto un pichón de tigre oscuro

Esconde sus detritus lejos de la basura

En la que el rizoma de la muerte se fermenta

Con sorda hambre de pulcritud

Pues finalmente es áureo asunto buscar

El reflejo de una sombra en el bajo cielo

Y en la baja tierra y en la baja piel de ti

Que se mete como mugre debajo de las uñas

Tal vez porque la carnaza celeste que nos cubre

Ya no respira nuestra propia libertad.

Cuántas partículas de polvo se depositan

Sobre tus córneas ciegas

Pero esas mínimas cáscaras de materia

Te mostrarán los tamaños de la luz

Con los que leerás los nombres rotos tras el polvo

Como bocas abiertas de vorágine y de plástico.


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LUCÍA IZQUIERDO: EL VERBO CÓSMICO – RESEÑA – SAÚL IBARGOYEN

Según algunos gnósticos, las galaxias serían las moléculas del cuerpo de Dios (o del dios). El universo forjado por Lucía Izquierdo en este su primer poemario parece conformado por núcleos de astros representados por versos de irregular extensión, versos expansivos que sugieren y/o expresan no solo movimiento, sino un continuo de destrucciones y transformaciones. Trataremos de escarbar en las posibles raíces de esta propuesta que, además, conlleva una carga erótico/afectiva y su correspondiente poética del engarzamiento carnal.

Si bien la autora apela a abundante información referida a la astrofísica y a matizados momentos de la diversidad cultural, regidos

por un hablante femenino en primera persona del singular, el cimiento verbal denota la fuerza de los factores amorosos. Vemos, al menos en parte, que los tonos sapienciales, reflexivos y filosóficos a veces limitan el canto, aunque fortalecen la propuesta en un sentido épico. Y la misma consiste, pensamos, en la construcción dialéctica de una cosmogonía personal. Esto podría revivir la afirmación de Vicente Huidobro: “El poeta es un pequeño dios”.

Como se sabe, a partir de las genialidades de Eratóstenes de Cirene y Aristarco, hace más de dos mil años, nuestro planeta fue medido con sorprendentes aproximaciones y fue ubicado, girando, en un lugar que apuntaba hacia los espacios sin fin. Giordano Bruno sacudió a la Iglesia con sus ideas de la existencia de incontables universos (la hoguera fue el castigo); hoy, Stephen Hawking afirma

que hay infinitos multiversos (infinitos grupos de universos), etc.

¿Y la nada? ¿Qué quedaría sino como una mera abstracción especulativa, que en este poemario se traduce con el sustantivo muerte?

¿Debemos buscar en tales antecedentes las íntimas raíces de este Uni-verso? ¿O asimismo en la Teogonía de Hesíodo, que describe y descubre el nacimiento de los dioses y del mundo? ¿O en la Metamorfosis de Ovidio quien, en sus 12 mil exámetros dactílicos,

propone la transformación incesante de la “Gesamtheit” (totalidad)?

¿O en el Cántico cósmico de Ernesto Cardenal”, al que un crítico denominó “la nueva Divina Comedia ”?

En verdad, en cuanto mero lector, los 36 poemas de Uni-verso constituyen 36 instancias de un mismo proceso constructivo que se vuelve referencia de sí mismo, que reitera y enriquece incontables variaciones, que recurre a búsquedas espaciales en cada página, que

amplía significados por medio de insólitos tiempos verbales y de numerosas rupturas de sistema, a más de que se utilizan palabras en altas, al modo inaugurador de “Un coup de dés”.

En todos estos versos -pues la poesía no se escribe, se escriben los versos, que son el avatar de la poesía- militan erosiones no fáciles de percibir y se sueltan sonidos, silencios y sombras inimaginables (de estas se dice que resultan ser la antimateria de los fotones que son bebidos y exaltados en el poemario). La luz es un personaje aquí, tocando cada punto del cosmos inventado por Lucía Izquierdo, haciendo su lucha en medio de una sopa de innumerables partículas subatómicas mezcladas en un orden no definido con astros, nebulosas, constelaciones, galaxias (no hay diferencia entre lo grande y lo pequeño: la poeta lo sabe); en fin, una luz que sostiene los viajes de la poeta, convertida en exploradora o astronauta en este orbe personal e inmedible (podríamos decir, parodiando a Heidegger, que el ser humano es un ser para la luz).

Lucía Izquierdo ha optado por el arquetipo del vuelo y lleva en su equipaje imaginario datos de lo terrestre; de la liberada carnalidad del humano amor; de las vibraciones tal vez de la infancia asumidas en ese gato que Alicia, sin ser nombrada, ubica en un par de poemas; de la crueldad del sistema capitalista en su numerología: 43.

Pero ese vuelo no derrite la cera de sus alas, no hace que la Tierra se vea como un grano de mostaza. La voz poética o hablante lírico es el vuelo mismo y a causa de una extraña energía espiritual,

logra atraernos hacia una tentación fáustica, indomeñable, inusual en

nuestras letras y productos culturales.

Para terminar estas balbuceantes e imperfectas líneas, anotamos la sutileza aplicada al uso de la intertextualidad creativa, y también la presencia de la muerte en cuanto un universo paralelo marcado por la soledad.

Gracias, Lucía Izquierdo, por enfrentar y quebrar con tu oratio vincta sin trabas, tantas banalidades versales y tanta vaciedad de contenido que vemos en estos días, restos de épicas trasnochadas y purismos a modo del sistema. El poeta uruguayo Ricardo Pallares escribió a propósito de otro libro lo que también podría caberle a Uni-verso: “En medio de los desmoronamientos posmodernos que llevan a confundir semánticas y modos con poesía, este libro procede a una creación autónoma que es relevo y al mismo tiempo testimonio vital y compromiso.”*

Saúl Ibargoyen

*Lucía Izquierdo, Uni-verso, Editorial Fridaura, Editorial Juntaversos, Ars Norte, México, 2015, 69 pp.


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Y DIOS CREÓ CON LA PALABRA Y EL POETA CON EL ALMA… (HOMENAJE A SAÚL IBARGOYEN) – MARTHA LETICIA MARTÍNEZ DE LEÓN

Este texto fue leído en la Feria Universitaria del libro de Pachuca, con motivo del reconocimiento hecho por la Universicad de Hidalgo y la FUL al poeta Saúl Ibargoyen el 23 de agosto de 2015. Intervinieron en el evento Patricia Sierra, Marisa D’Santos y un público de más de cien personas, la mayoría jóvenes.

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Y Dios creó con la palabra, llamada por los antiguos vedas vak, teniendo relación con el aliento que se dispersa en el mundo después del latido del corazón, después con la filosofía griega, la palabra se convirtió en el logos, es decir, no sólo se quedó en lo que nace del corazón, sino que se reveló esencia de la inteligencia y del pensamiento divino.

Algunos hombres se hicieron escribas, crearon himnos, Salmos, cantos dirigidos a su dios, a la naturaleza, a la esencia divina, se cuestionaron el ser, y buscaron en el más allá de lo externo las preguntas interiores que dieran respuesta a lo que se es, pero, entre cada una de estas presencias surgió el poeta, aquél que entre sus pasos sentía jalar no sólo su propia vida, sino, que sintió el peso de los días al atraer extremos del universo, del dolor del mundo, que tuvo las estrellas en sus ojos porque abrazó la felicidad del niño y la inocencia escondida en los hombres y las mujeres que buscan llevar por otro lado los desafíos del destino. Sí, estos hombres y mujeres que en su caminar trazan la búsqueda, más allá de la razón, de lo espiritual, porque saben que la vida es un misterio que necesita recogerse en pequeños fragmentos convertidos en Cosmos, ya no en el universo que cubren sus pasos, sino desde el Cosmos, porque ya tiene un orden en las palabras que se escriben en el papel.

Pero con el paso del tiempo, algunos de estos hombres olvidaron el misterio de la ofrenda, de la búsqueda y se perdieron en la necesidad del reconocimiento prostituyendo no sólo su realidad, sino la de todo aquel que busca en su conocimiento descubrir, pero este paralelismo es necesario frente a la realidad del escriba que sigue transformándose y que sigue sintiendo la necesidad de encontrar, de contemplar y de escribir lo que percibe, no sólo con sus manos, sino con todo lo que es en esencia. Dentro de estos escribas se encuentra Saúl Ibargoyen, un hombre que escribe incluso al guardar Silencio, un hombre que muestra no sólo los actos, sino la esencia, nos revela que un poema no es un conjunto de palabras, sino la unión de símbolos, un hombre que no ve en la metáfora un recurso literario, porque entiende que la vida tiene diferentes formas de ser nombrada.

Hablar de la obra poética de Saúl, tendría que llevar varias horas, días y no sólo por la gran cantidad de libros publicados, sino porque cada poema necesita un enfrentamiento con la simbología de cada vocablo, significa preguntarse el por qué esa palabra fue la elegida para estar ahí, por qué esa fue presa de sus manos, y aquí, es donde entra otra pregunta, ¿una palabra, es apresada o es puesta en libertad cuando un poeta la toma y la deja tatuada en el papel?

Una tarde, hace años, cuando tuve la fortuna de tener a Saúl de maestro, dejó la tarea de poner arena y sobre ella trazar palabras, aún recuerdo la sensación de mis dedos irrumpiendo esos pequeños granos de materia, palabras que con el paso de los minutos se hicieron trazos, líneas perdidas en un pequeño universo expandido en lenguaje que sin decir nada decía todo, ahí comprendí el sentido de los dedos que marcó Jesús en la tierra frente al Sanedrín, y agradecí en Silencio la experiencia. En ese instante comprendí que Saúl era la naturaleza primigenia del poeta, porque sabe introducirse en la materia de cada palabra, porque siente su presencia en su humanidad, y se vuelve roca, y se libera, y entonces, pude escuchar con mis ojos sus palabras, (cito: el Silencio y la furia)

Desde esta letra inicial comienza el principio del origen

déjame pues transitar el papel y el sonido

la tinta y el Silencio”

Y ante estas palabras no puedo más que mirar al cielo, cerrar las manos, bajar los párpados dejando que cada una de estas palabras permanezcan y se dispersen en el interior, para así, desde el momento en el cual son leídas, formen parte de mi historia de carne y de Espíritu.

Desde el momento en el cual me pidieron, hablar sobre la obra poética de Saúl, me pregunte, cómo podría yo hablar sobre sus palabras, porque se puede hablar de la vida, de su estructura literaria, pero, ¿de la poesía?, ¿cómo hablar de la poesía?, y me refugié en sus propias palabras (cito. Poema Antes la luz)

nada hubo cercano a su propio ritmo

a su danza interior sosteniéndolo

nada hubo que se inscribiera

en el hondo indico con lenguaje mujer/hombre

ni en arcilla o roca

ni en susurro o nervio

ni en madera o cielo

y lo que hubo fue

y lo que fue

dejo de ser

porque, sólo puedo hablar desde lo que soy y desde ese espacio darle un significado a sus palabas, pero, ¿cómo podría hablar de la existencia que él le otorga a esas palabras?, acto que no es lo mismo.

Y entre ese recorrido, comprendí, porque en el lenguaje antiguo al lector se le dice “Caará”, tal vez, porque desde el momento en el cual se toma un poema el rostro de quien lee, toma un poco de lo reflejado en el rostro del poeta.

La obra poética de Saúl es un árbol, un inmenso roble, con infinidad de ramas, que llevan en sí mismas pequeñas hojas dejando claro que ninguna es igual, que cada una aunque se toque la misma nunca entrega la propia sensación, Saúl, otorga a cada palabra, el Nepesh, es decir, ese yo inmaterial que se relaciona con lo terreno, para que al pasar por la mirada reflexiva del lector se vuelva Pneuma, donde el yo se separa de lo terreno para ser uno con el todo.

La poesía de Saúl, se lee despacio, cada poema necesita el cierre del libro, para que se expanda en el Silencio, así al volverse a leer, lo ofrecido se esparcirá en el misterio que cada ser humano llevamos en el interior.

La poesía de Saúl no es como la Mishná, un tratado de palabras, de ahí que no pueda hacerse una crítica literaria, porque su poesía es el Ank, ese signo de vida tan significativo para los antiguos egipcios, porque lleva en sí misma la sabiduría de la antigüedad.

Tengo claro, que al pedírseme hablar de la obra poética de Saúl, se pretendía que hablará sobre su estructura, el estilo, la técnica, pero, ¿podría Platón, hacer una crítica filosófica sobre Sócrates?

La obra poética de Saúl no se define por la gran cantidad de libros editados, por el gran conocimiento que tiene de la gramática, para mí la poesía de Saúl ha sido parte de mis pasos, no sólo porque he tenido la fortuna de convivir con él en la cotidianidad, o porque he sido la poeta oscura, como me dice él, de sus talleres. Su poesía ha otorgado respuestas a mi vida en todo momento, cuando la asedia busca cobijar la existencia, cuando la euforia se precipita en la piel, cuando el ego intenta derrocar la búsqueda, en cada momento sus palabras y sus espacios se revelan otro de mis Libros Sagrados, sus vocablos me regresan al cauce, por ello, cito conforme los días, sus palabras (cito: Soneto XIX)

Este verso te dice que no corras detrás

del sueño que todavía no soñaste; pero mírate

huyendo de ti, de tus nalgas ensabanadas,

de las rojas gasas que tu entrepierna sostiene

Este verso te dice que un fantasma de huesos

Recorre las latientes latitudes de tu corazón

Como un esqueleto de papel mordido por los años

O el verbo carnal de un cuerpo que sí se desvanece

Este verso te dice, repitiéndose, que nadie

Esta tan solo como para inventar la soledad

Ni que nadie al irse del amor gana guerra alguna

Porque el desamor que en contra de ti ahora utilizas

Es un grito que encontrarás en la soñante boca

Cuando necesites usar al fin tus propias lágrimas

Y ante esto, ¿qué podría yo decir, cómo hablar de la sabiduría, cómo expresar lo que se deja en el alma?

Para finalizar diré, qué este texto más que hablar de la poesía de Saúl, es una puerta para que cada uno de ustedes lea su obra y perciba por sí mismo(a) la esencia, no de un maestro, no de un poeta, no de un escriba de escritorio, sino de un escriba,

un escriba de pie…

Martha Leticia Martínez de León… Silencio

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RAZÓN POÉTICA – SAÚL IBARGOYEN

El producto cultural que llamamos poesía contiene razónes que la razón no entiende. Una de ellas, sin duda, es la imposibilidad de una definición, más allá de cánones tradicionales o preceptivas de persistente rigidez. Otra, reside en que, como resultado de los desarrollos socioculturales iniciados hace milenios -mucho antes de las diversas invenciones de la escritura-, la oralidad inicial y/ el cántico primigenio todavía se filtran en la prosodia de los idiomas en que se dan distintos sistemas versales. Además, al ser un fruto cultural tan complejo, se ha mezclado -tal vez desde su desconocido origen- con formas musicales primarias tomadas por analogía del ámbito natural, y luego con propuestas caligramáticas, visuales, experimentales y aun informáticas al vaivén de los cambios tecnológicos e ideológicos de cada época. Estos asuntos, como se sabe, han sido y son profusamente estudiados, como preocupación e interés de teóricos, críticos, escuelas y, claro, poetas.
En lo personal, mi razón poética se compone, por un lado, de la racionalización que todo examen de un asunto determinado conlleva (la poesía como género literario, los modos versales, relación entre verso y prosodia, lengua como material de la poesía, corrientes poéticas, tendencias históricas desde Sumeria a la actualidad, etcétera); y por otro lado, la indetenible necesidad creativa de la escritura versal (¿horror vacum?) junto con el trabajo imaginativo que, por analogía y por oposición, no deja de operar en el aparente silencio del cerebro, desde el nudo reptílico hasta la corteza (también es esencial el conocimiento tácito acumulado por el cuerpo).
Agrego que la poesía encierra casi todas las opciones de nuestra especie, y en todo cabe y de todo puede ser excluida; es tan natural como la respiración, por eso expresa las dimensiones del sufrimiento y el gozo, de la tolerancia y la injusticia, del desamor y la alegría, del abandono y la solidaridad, de la ausencia y el encuentro, de las guerras terribles y el acceso a lo sagrado. Tan inevitable como un crepúsculo. Y, en mi caso, las operaciones que se enlazan con la escritura narrativa, al punto de que a veces la descripción metafórica funciona como un mini relato dentro de un relato mayor.
Todo verso que se escribe o se imagina, que se recupera o se olvida, que crece inesperadamente en cuanto silencio o cántico, es parte de la búsqueda de eso que llamamos poesía, producto en definitiva tan fugaz como el universo conocido, al que por su mediación deseamos abarcar. Que las cotidianas mucas nos asistan.

-Saúl Ibargoyen