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Taller de poesía


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PRESENTACIÓN DE TODO Y NADA-EDGAR PAZ

TEXTO ESCRITO POR NELIO EDGAR PAZ PARA LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA TODO Y NADA, DE SAÚL IBARGOYEN, QUE SE LLEVÓ A CABO EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2015 EN EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA EN MÉXICO

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Es imposible que me proponga comentar este nuevo libro Todo y nada de Saúl Ibargoyen, sin hacer referencia a otros anteriores: Toda la tierra (año 2000), Sangre en el Sur (2007) y Llorar pa´delante (2013).

La mención a ciertos tópicos que el autor ha tocado en casi todos ellos me permitirá desbrozar el terreno para que caminemos juntos en esta aventura narrativa. No es una sorpresa para los lectores que ha cosechado Saúl en estos últimos tres lustros su capacidad para la creación de personajes anclados en una intemperie emocional, en un desastre personal que siempre termina arrastrándolos hacia un remolino poderoso o un agujero negro, y tragándose a todos quienes se acercan, o nos acercamos, a sus bordes engañosos y tentadores.

La novela que hoy nos reúne es el resultado de la labor de múltiples narradores, y también es casi un coro teatral griego el que nos va guiando en la historia de la familia Hudson, desde la aparición en escena del patriarca de la dinastía, John Richard, gringo que amasa su fortuna como tantos terratenientes, sobre la explotación de braceros y migrantes, pero que muere violentamente a mano de uno de sus peones. Su viuda, que carga un hijo adolescente llamado Marcial, vende las tierras y cruza la frontera hacia un destino incierto. Hago la acotación de que siempre hubo y habrá fronteras en los libros de Ibargoyen, ya como vano intento de impedir el contacto humano o como territorio propio y diferente de los demás.

Marcial será entonces el constructor del imperio del café Kawa, que además de la exacta mezcla de los granos perfectos importados de regiones exóticas, se basa en el agregado no muy estrictamente dosificado de un polvillo blanco que eleva y potencia las cualidades de la bebida aromática. Así ha conquistado mentes y mercados la familia Hudson, pero también se ha enriquecido escandalosamente enroscándose sin pudor con los políticos corruptos y con los poderosos medios de comunicación como Tevetodo, aquellos que crean, sostienen y endiosan a esos políticos, propiedad de los hermanos Emilio y Emiliano Mascarra. Debe escucharse cómo se abre un paréntesis: cualquier contacto con la realidad de algún país en el mundo es solamente coincidencia; se oye cerrar el paréntesis.

Micki, el delfín del imperio, recorrerá su camino vital rodeado de personajes que solamente este grupo de narradores puede crear: un “valet” al viejo estilo del siglo XIX, pero aggiornado para todo servicio de verdad, desde bolear zapatos hasta prestarse de buen gusto a los tríos amatorios, Tu Chang, obviamente un chino pero no cualquier chino, porque este profesa la religión de los judíos sin despreciar el taoísmo o la lectura de la Cábala, un chofer “brasiliano”, Adriano (la rima es de los narradores e involuntaria), ex futbolista, portero que se negó a las corruptelas de la FIFA y se transformó en un paria, Amancia, una nana que cumple las mejores fantasías de un complejo de Edipo no realizado con la verdadera madre, Antonieta Urrieta Mendieta, y un cura, siempre hay un cura en las novelas de Ibargoyen, Bendito Puro Facholo. La galería de personajes se extiende mucho más, algunos de ellos con nombres inspirados en emperadores romanos (Augusto, Neroncio) o guerreros famosos como Alcibíades, padre de Micki, protagonista éste central, pero nunca único, de la novela.

El hilo visible y cada vez más brillante del sexo practicado con todo y con todos, los diferentes especímenes que aparecen desafiando inclusive la imaginación más atrevida, el ritmo galopante de una vida exprimida sin contemplaciones ni medida hasta la última gota por Micki no excluye, aunque parezca contradictorio, el que en muchas ocasiones él y otros personajes se encuentren buceando en reflexiones que los sorprenden.

Como parte de una manera de narrar inusual, aparecen en el texto neologismos e invenciones de términos que recurren al sincretismo lingüístico, y es así que los personajes más encumbrados nos hablan con términos vulgares mientras los más ignorantes, en apariencia, se dirigen al lector mezclando estilos arrabaleros con parrafadas seudofilosóficas.

El novelista se inventa y se apoya en varios narradores e incorpora los testimonios de informantes, fragmentos de diarios personales, espionajes mal realizados que se resumen, traducciones instantáneas al mejor estilo de los navegadores web. Así, el “escriba de pie” invita al lector a un juego en el que quien recorre las líneas escritas en papel de izquierda a derecha será sorprendido por recursos irónicos o pequeñas trampas a nuestra ingenuidad y a nuestra fe en la letra impresa. Se agradece que así sea, dado que el hilo de Ariadna de la narración prosigue, sin antes ni después.

Saúl juega con nosotros, pero juega también con la verdad establecida acerca del tiempo, ese que hemos dado en llamar “tiempo real” y se apoya en Stephen Hawking para llevarnos a la duda de que “en esta dimensión (la de la novela, aclaro) los tiempos funcionan de otro modo.”

También en varias de sus obras, Saúl ha vuelto una y otra vez sobre temas que parecen ser cardinales en el desarrollo de su narrativa: el o los narradores, los tiempos simultáneos que se superponen y recombinan situaciones solamente explicables con la física cuántica, donde se afirma, luego de experimentos realizados, que ciertas partículas subatómicas son capaces de estar presentes en dos espacios al mismo tiempo. También, debe aclararse, aunque el autor no cree en la casualidad sí es devoto más bien del azar, que es otro dios diferente y con más poder. La inquietud de Saúl por el tiempo, el o los narradores y su conexión con un o unos posibles lectores, aparece también en otros textos suyos, por ejemplo, cuando nos dice:

“Lo que cada lector lee es sólo la cáscara de un complicado acontecer siempre impermanente, tan subjetivo como colectivo”.

“El posible lector (o escucha, en caso de que le cuenten esta ya encarrerada narrativa), habrá de sospechar, casi de seguro, que algo no se ajusta a la contextura del personaje central”.

Llorar pa´delante (2013)

“Lo que es muy cierto, señor, créame, es que uno termina por no darse cuenta si vivió la coyuntura o se la contaron (…) o como una vez que alguien me contó mi propia historia que yo le había contado… como si fuera la de él.”

Sangre en el sur (2007)

En 2013, con motivo de la publicación en Montevideo de Llorar pa´delante, comentaba Saúl en una entrevista:

“Al lector se le abren muchas opciones… El autor, o los autores, lo que pretenden es mostrar sucesos en distintas dimensiones, distintos planos, para que el lector tome de ahí lo que quiera, que haga lo que quiera, que plantee sus opciones, no se trata acá de un presunto autor que tenga toda la verdad, el autor no es un dios (…).”

Coincido, el autor no es un dios, pero Micki sí, porque de esa forma se ve reflejado en un espejo y así se siente, de allí que aparezca un día en los estudios de Tevetodo con ropajes y plumas de Caballero Águila.

Puedo imaginar, o mejor dicho casi asegurar, que la novela de Saúl está inspirada en la breve y expansiva vida real del magnate argentino Ricardo Fort, heredero de una poderosa industria del chocolate, que acumuló al final de su periplo existencial más de 200 millones de dólares, dos hijos producidos en un vientre de alquiler y 27 operaciones en su sufrido envase carnal.

Ese personaje y esa persona real también utilizó la televisión para promocionar, vender y explotar no solamente su imagen, que de eso se trata la televisión, sino para engrosar sus cuentas bancarias, así como en la novela un terrible suceso servirá para que la familia Hudson, en

alianza con Tevetodo, prosiga en la cúspide de la lista de los más “ricos y famosos” de Forbes.

No ha sido el novelista, el narrador, quien inventó las clases sociales. Pero sí sabe muy bien de su existencia y de la tozuda voluntad milenaria que han acumulado los poderosos junto a montañas de dinero para presentarse como seres diferentes, mejores, elegidos, tal como lo han hecho los Hudson con su imperio del café Kawa. Pero la señora de la guadaña, la parca, la calaca, muy democrática ella, no repara en esos detalles y se los chinga igual (Ibargoyen dixit).

Y una última acotación: Saúl exprime y doblega una manera de escribir que ya domina en su narrativa y nos enfrenta a esa verdad que por sabida no es menos verdad: los poderosos y sus Academias de la Lengua (Reales, con mayúscula, y de las otras, las plebeyas) han diseñado una estructura de comunicación a través de la semántica y el significado de las palabras para disimular, engañar y ser “políticamente correctos”, en particular con la denominación del cuerpo y sus funciones.

Pero Saúl, profundo observador del paisaje geográfico y humano de su tiempo, es él mismo tan profundamente humano que no desprecia ni ahorra descripciones que chocan con “el buen gusto” o son francamente escatológicas. Escuchemos cómo lo decía en Toda la tierra en el año 2000:

“Porque toda mierda, dijo mi abuelita, es un simple montón de fecalidades mal digeridas. Y porque el dueño de los dineros no caga: se alivia; y no duerme ni ronca ni carraspea: descansa; y no coge ni bombea ni templa ni trepa ni fornica: ama; y no traga: se alimenta; y no se hace dar por atrás: accede a graciosas posturas…”

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A CUATRO MANOS-POEMAS COMPARTIDOS-SAÚL IBARGOYEN, JULIETA CORTÉS, MAITE VILLALOBOS, HORTENSIA CARRASCO, KARINA BALDERRÁBANO,

Estos mentefactos, denominados poemas compartidos, tienen un obvio apoyo en mi compatriota Isidore Ducasse (Montevideo 1846-París 1870), quien en sus Poésies II afirmó algo irrebatible, pues él buscaba, como sabemos, las leyes, no los fenómenos pasajeros: “La poésie doit etre faite par tous. Non par un.”

Por lo tanto, se nos ocurrió -casi como un reflejo del “ocio creador” de Goethe- invitar a cuatro musas-poetas amigas a co-escriturar versos libres nucleándolos desde una sencilla y aquí no revelada metodología. Un trabajo comunitario, pues, que confirma en nosotros la premisa del inventor del Conde de Lautréamont (este a su vez creador de Maldoror).

Todo impulso creativo (ya sea a partir de una frase volandera, ya se formule desde una excitación sensorial o desde una línea iniciática asentada por dedos externos, o como destello de una memorización súbita de lejanos orígenes, o como impacto de sucesos sociales, o como eco de un sueño silencioso) solo puede ser compartido parcialmente, en el sentido de que nunca lograremos saber si la expresión verbal-versal asumida llega a ser, en rigor, una verdad artístico-estética.

En consecuencia, hemos propuesto esta labor escrituraria a cuatro amigas mexicanas: Julieta Cortés, Karina Balderrábano, Maite Villalobos y Hortensia Carrasco, ex presuntas alumnas de este presunto maestro. Verso a verso, con pausas, dudas, demoras, tiempos distintos, quizá temores (¿qué vero poeta no tiembla al elegir palabras que también lo están eligiendo?), fuimos alzando constructos verbales-versales que, según nuestras certezas, se nutren inevitablemente de una masa de sustancias lingüísticas que saturan las dimensiones sociales de la Historia. Sin ese alimento no habría lo que denominamos poesía, por más que la producción versal tienda a una babelización de la llamada “lengua lírica”, pretendidamente “universal”. .

Podríamos mencionar el inconsciente colectivo de Karl Jung y las operaciones mágicas de los chamanes; y hasta el big-bang del cosmos conocido que provocó el nacimiento del tiempo desde una materia-energía que siempre estuvo ahí (¿dónde?), porque las vibraciones e iluminaciones que nos llegan al cabo de una travesía de más de 13 mil millones de años, derramaron -desde muchísimo antes del homo sapiens sapiens- la posibilidad del canto, que muy añejas especies ejercen hasta con rima…

Dejemos a un lado los vacuos recursos de la retórica, los procedimientos apegados al discurso oficial, los prejuicios en los sistemas de enseñanza, las preceptivas post y neomodernas -tan rígidas como la de Boileau y las definiciones de algunos diccionarios-; miremos hacia atrás con los ojos de la nuca: por allí se mueve lo que llamamos futuro, pues frente a nosotros está el pasado, porque ya lo vimos (concepto del tiempo en el Altiplano de América del Sur) y el presente es solo lo que es: un fluir continuo del espacio que nunca será apresado por la eternidad. Miguel de Unamuno en su último soneto asentó: “del tiempo al fin la eternidad se adueña”. Hermoso verso, pero no.

Finalmente, debo agradecer a las musas-poetas su colaboración y su confianza, pues si cuesta saber cómo será el primer verso, es bien difícil o imposible conocer el proceso de una escritura a dos manos, y más si son cuatro que no aceptan “hacer garabatos en un plato”, sino confirmar que lo que llamamos poesía es un producto de la especie humana realizado por todos y para todos, como han sido el lenguaje y la escritura. Si hasta a veces pensamos que los libros o conjuntos de versos (en pantalla o en papel, en voz o en música) no deben llevar nombre de autor. ¿Queda sugerido que esta muestra no terminará aquí? Vale.

Saúl Ibargoyen

Ciudad de México, 2015

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I.

(con Julieta Cortés)

ATARDECER

El color del ocaso es como miel de sangre

Que derrama la estrella en su intento de ocultarse

Mientras los viejos muelles se apartan

De una nave extranjera

Quedándose varados en una espera de mañanas

Pues el aire ya no vuela: solo es una cáscara

Del cielo

Donde las aves desgarran añoranzas de viento

En un espacio sin término adonde crecen

Burbujas de luz

Que desafiantes buscan sobrevivir al momento

Y así seducidas por el destello explotan

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PÁJAROS OSCUROS CAEN DEL CIELO

En los cielos más cercanos crecen huecos blancos
como enredaderas que forman nidos de calcio
como rígidas rosas de pétalos inciertos.
No hay color que favorezca su textura:
cascarones de aves que no acabaron de nacer:
es que el mundo de los vuelos se cierra
como una campana cansada.
El tañido dentro es aleteo constante
implosión de pájaros que deletrean en cantos
su estrategia de libertad:
pero el aire ya no es libre y vacila
azotado por un viento negro
derrotado por picotazos de luz
y óvulos de hueso
mientras las partículas que la noche ha inventado
chocan con miradas ciegas
y se confunden con restos de una creación que flota
que por instantes está a punto de caer:
debajo espera un silencio de materia corrompiéndose
en un vértigo de fotones enterrados
que como luciérnagas abren canales
donde otra luz se negaba a nacer.
Todo pues debe hundirse
para levantar su vuelo:
todo comienzo tiene un origen
en la primera sombra.

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NOMBRAR Y CANTAR
Cómo nombrar si en el crepúsculo va toda la sangre de los hendidos
sí cómo nombrar los siete colores y las siete sombras
buscando la palabra en los misterios y números
de divinidades que se niegan a sí mismas.
Pero sabemos que en este más acá de nosotros empieza
también el silencio
transitorio como un día cósmico porque vendrá su verbo
a transformarlo todo
aunque ese verbo no estuvo en el inicio del tiempo
fue canto a su vez y grito de dolor como en todo nacimiento
es que la totalidad debe nacer para que el espacio de la sangre crezca
y fluya sin remedio por arterias de noche y luz
similar a un látigo de sombra golpeando vértebras silenciosas y solas
nombrando y cantando a la vez formas finitas y libres
en procura de un nuevo límite para que los huesos canten.

 

 

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II.

(con Karina Balderrábano)

SIMPLE LUNA

La luna desconocida se aferra al cielo

Con sus hilos de sangre

En el palimpsesto cobalto de noches estrelladas

Y los hilos que unen lo oscuro del cielo

Muestran su pesado metal:

Se sabe majestuosa perla gris

Del mar que edifica los sueños

Sueños en la sustancia no tocada por la realidad

En la incandescente y generosa redondez

De la luna plena:

Porque todo espacio se mueve sin nosotros

Y uno se pregunta dónde está nuestra sombra:

En los mares que reflejan los cuerpos

O en las constelaciones que se nos derrumban:

Una caída donde el tiempo de hoy

Quiere detenerse

Como un espacio que deifica silencios interiores

Y cánticos de sirena:

Pero todo espacio es devorado por la luz

Por gajos de luz y penumbra de astros

Que crecen en la luna habitada

Por un mínimo universo.

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MÚSICA RESPIRADA

Mis olvidos se van a la fosa común

A la pira de las inatenciones

Pero siempre habrá restos

De recuerdos invulnerables

En el laúd de casa que guarda

Mudos secretos y anhelos de los años bisiestos

Tal vez porque toda música lleva

Un silencio oscuro lento inevitable:

También hay murmullos lumínicos

Fraguando otros silencios

Y alguien respira en el costado

Más hondo de cada noche

Debajo de colchones cansados y adormecidos

Y una persona sin rostro aquí

Contempla las paredes muertas

Y muertos los sueños ya son astros fugaces

Que huyen por las ventanas:

Pero el cielo se mueve y entreteje

Una urdimbre de sucia soledad

A la par que mis ojos cuelgan del techo

Y sienten la fragilidad del mundo.

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III.

(con Hortensia Carrasco)

ESQUINAS

Solo el rumor de un pájaro queda en la esquina

Donde chocan las calles y el asfalto grita

La indiferencia cae a plomo y nos fastidia

Y la lluvia del otoño muerta deja encada ojo

Una mancha de sal:

A través de de una grieta vemos que la mácula

Es una multitud que escapa

Mientras una estela de gatos masacrados señala

La raíz del corazón urbano.

Un latido se come a otro latido adentro de una jaula

Y el aire es una piedra adonde muere la luz.

En una esquina el silencio es el impulso

Que nunca llega tarde

¿Será el mismo silencio que el polvo canta al caer?

¿O una mirada que recibe el flamazo de lo oscuro?

Percibimos así el aviso del primer abandono

Como sombra arrojada en la banqueta.

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CIUDAD SIN CIELO

El azul del aire es solo un deseo de ojos desahuciados

Un hombre solloza porque le duelen las contradicciones

Olvidando el costado animal que lo empuja hacia la tierra.

Hay días con el plumaje descuartizado

Y el volar es un consuelo innecesario

Y existe también otro hombre sin bautizar

Caminando por calles que tiemblan:

En sus cicatrices se crían y crecen los actos de la furia

Y su pecho es un hueco sin rencor sin olor ni dolor.

Una paloma es la fatiga que picotea en su espalda

Y sus ropas se desprenden como cadáveres insomnes

El sol lo orienta hacia la orilla de lo solo

Y el crepúsculo sepulta su vértigo bermejo

Entre neblinas carnales y sin fin

Y la ciudad desciende se quiebra ante sus ojos

Y la soledad mastica nieve mientras espera

En el quicio de la última puerta.

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IV.

(Con Maite Villalobos)

MATERIA VIGENTE

Mira la tierra debajo del polvo:

Ahí empieza la oscuridad.

Mira cómo la gallina arrastra una nube

Con entrañas de lodo

Porque la tierra ha subido más allá

De la línea de la Madre sol

Y de noche se descuelga por las goteras

Que rodean vigas preñadas de sangre:

Pero esa tierra no es tierra sin viento

De áspera ceniza

Que la recorra llana como alimento

De la madre nutriz

En tanto un pichón de tigre oscuro

Esconde sus detritus lejos de la basura

En la que el rizoma de la muerte se fermenta

Con sorda hambre de pulcritud

Pues finalmente es áureo asunto buscar

El reflejo de una sombra en el bajo cielo

Y en la baja tierra y en la baja piel de ti

Que se mete como mugre debajo de las uñas

Tal vez porque la carnaza celeste que nos cubre

Ya no respira nuestra propia libertad.

Cuántas partículas de polvo se depositan

Sobre tus córneas ciegas

Pero esas mínimas cáscaras de materia

Te mostrarán los tamaños de la luz

Con los que leerás los nombres rotos tras el polvo

Como bocas abiertas de vorágine y de plástico.


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HEMINGWAY Y EL DETECTOR – JUAN CARLOS CASTRILLÓN

Los escritores, lo mismo que una espada, se forjan con la injusticia.
Ernest Hemingway
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En una entrevista realizada en 1958 por el periodista George Plimton para la revista París Review el novelista norteamericano Ernest Hemingway proclamaba que los escritores deberían tener un detector de mierda. Aquí sus palabras exactas:
 El escritor que carezca de sentido de la justicia y de la injusticia haría mejor en dedicarse a editar el anuario de una escuela de chicos excepcionales en vez de escribir novelas. Otra generalización. Ya ve, no son tan difíciles cuando son suficientemente obvias. El don más esencial para un buen escritor es tener un detector de mierda incorporado, a prueba de golpes. Ese es el radar de un escritor. Y todos los grandes escritores lo han tenido.
 Hoy, en este nuevo milenio este absurdo artefacto sería prácticamente insoportable, ya que estaría sonando todo el tiempo. Ahora, lo que un verdadero artista necesita es exactamente lo contrario: Un detector de lo valioso, un radar de perlas, de joyas humanas, en medio, en lo profundo de tanta materia fecal.
Hemingway ha tenido un gran influencia en la cultura actual, es una figura tutelar en la literatura, e inclusive también como el borracho, aventurero y mujeriego que fue, el lugar común, pues; mismo que ha causado más impacto entre los oligofrénicos ciudadanos de EU, que la propia obra de Ernest,  prueba reciente  de esto es el vulgar matarife dentista gringo que pagó un dineral para ir a un país extranjero a asesinar a un miembro de una especie protegida, ¡¿Para sentirse macho, héroe, hombre o qué?!
Sin embargo,la mayor aportación de Hemingway es precisamente el ser consecuente, el defender la dignidad humana-nuestra joya más preciada-bajo cualquier circunstancia y por cualquier medio que sea necesario. Esta es la lección histórica que los esclavizadores tradicionales nunca acaban de aprender debido a la grave degradación que les impone su patética codicia. Nosotros, los seres que respiramos libertad por cada poro de la piel -a pesar de tener que vender nuestra fuerza laboral diariamente para sobrevivir-sabemos de primera mano la potencia sobrenatural de nuestra dignidad(que no se compra, ni se vende, ni se presta, ni se roba), la única llave de nuestro próximo futuro compartido.
Desde nuestra impuesta mentalidad neoconolizada es importante leer a Hemingway-al que el tremendo Bertold Brecht consideraba únicamente como un vil “epígono”, o sea un simple seguidor de los hallazgos de escritores como John Doss Pasos o James Joyce-para conocer a profundidad los mecanismos de la psique de nuestros opresores, sus sombras y sus puntos débiles.
¿En qué momento los escritores o “intelectuales” dejaron de ser esos apasionados defensores de causas justas para convertirse en los deleznables funcionarios gubernamentales de la actualidad?
La literatura será escrutada, ahora mismo lo está siendo, para demostrar que mientras algunos degustaban apetitosamente todo tipo de excrementos con gesto delicado, otros combatían solidarios para superar definitivamente ésta etapa de ignominia, y por lo mismo eran marginados, ninguneados, encarcelados y asesinados, ellos son los que hoy y siempre sustentan nuestro espíritu. Porque, por su puesto como tambièn dejò dicho Hem:
El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar.
Luchemos, como escribió el gran poeta haitiano René Depestre:
Luchemos hasta perder para siempre
esta pelambre rayada, estos colmillos y este infierno
y este furor nuestro de bestias salvajes
¡Luchemos hasta el último grano de maíz
hasta los confines de las hormigas y las estrellas!


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LUCÍA IZQUIERDO: EL VERBO CÓSMICO – RESEÑA – SAÚL IBARGOYEN

Según algunos gnósticos, las galaxias serían las moléculas del cuerpo de Dios (o del dios). El universo forjado por Lucía Izquierdo en este su primer poemario parece conformado por núcleos de astros representados por versos de irregular extensión, versos expansivos que sugieren y/o expresan no solo movimiento, sino un continuo de destrucciones y transformaciones. Trataremos de escarbar en las posibles raíces de esta propuesta que, además, conlleva una carga erótico/afectiva y su correspondiente poética del engarzamiento carnal.

Si bien la autora apela a abundante información referida a la astrofísica y a matizados momentos de la diversidad cultural, regidos

por un hablante femenino en primera persona del singular, el cimiento verbal denota la fuerza de los factores amorosos. Vemos, al menos en parte, que los tonos sapienciales, reflexivos y filosóficos a veces limitan el canto, aunque fortalecen la propuesta en un sentido épico. Y la misma consiste, pensamos, en la construcción dialéctica de una cosmogonía personal. Esto podría revivir la afirmación de Vicente Huidobro: “El poeta es un pequeño dios”.

Como se sabe, a partir de las genialidades de Eratóstenes de Cirene y Aristarco, hace más de dos mil años, nuestro planeta fue medido con sorprendentes aproximaciones y fue ubicado, girando, en un lugar que apuntaba hacia los espacios sin fin. Giordano Bruno sacudió a la Iglesia con sus ideas de la existencia de incontables universos (la hoguera fue el castigo); hoy, Stephen Hawking afirma

que hay infinitos multiversos (infinitos grupos de universos), etc.

¿Y la nada? ¿Qué quedaría sino como una mera abstracción especulativa, que en este poemario se traduce con el sustantivo muerte?

¿Debemos buscar en tales antecedentes las íntimas raíces de este Uni-verso? ¿O asimismo en la Teogonía de Hesíodo, que describe y descubre el nacimiento de los dioses y del mundo? ¿O en la Metamorfosis de Ovidio quien, en sus 12 mil exámetros dactílicos,

propone la transformación incesante de la “Gesamtheit” (totalidad)?

¿O en el Cántico cósmico de Ernesto Cardenal”, al que un crítico denominó “la nueva Divina Comedia ”?

En verdad, en cuanto mero lector, los 36 poemas de Uni-verso constituyen 36 instancias de un mismo proceso constructivo que se vuelve referencia de sí mismo, que reitera y enriquece incontables variaciones, que recurre a búsquedas espaciales en cada página, que

amplía significados por medio de insólitos tiempos verbales y de numerosas rupturas de sistema, a más de que se utilizan palabras en altas, al modo inaugurador de “Un coup de dés”.

En todos estos versos -pues la poesía no se escribe, se escriben los versos, que son el avatar de la poesía- militan erosiones no fáciles de percibir y se sueltan sonidos, silencios y sombras inimaginables (de estas se dice que resultan ser la antimateria de los fotones que son bebidos y exaltados en el poemario). La luz es un personaje aquí, tocando cada punto del cosmos inventado por Lucía Izquierdo, haciendo su lucha en medio de una sopa de innumerables partículas subatómicas mezcladas en un orden no definido con astros, nebulosas, constelaciones, galaxias (no hay diferencia entre lo grande y lo pequeño: la poeta lo sabe); en fin, una luz que sostiene los viajes de la poeta, convertida en exploradora o astronauta en este orbe personal e inmedible (podríamos decir, parodiando a Heidegger, que el ser humano es un ser para la luz).

Lucía Izquierdo ha optado por el arquetipo del vuelo y lleva en su equipaje imaginario datos de lo terrestre; de la liberada carnalidad del humano amor; de las vibraciones tal vez de la infancia asumidas en ese gato que Alicia, sin ser nombrada, ubica en un par de poemas; de la crueldad del sistema capitalista en su numerología: 43.

Pero ese vuelo no derrite la cera de sus alas, no hace que la Tierra se vea como un grano de mostaza. La voz poética o hablante lírico es el vuelo mismo y a causa de una extraña energía espiritual,

logra atraernos hacia una tentación fáustica, indomeñable, inusual en

nuestras letras y productos culturales.

Para terminar estas balbuceantes e imperfectas líneas, anotamos la sutileza aplicada al uso de la intertextualidad creativa, y también la presencia de la muerte en cuanto un universo paralelo marcado por la soledad.

Gracias, Lucía Izquierdo, por enfrentar y quebrar con tu oratio vincta sin trabas, tantas banalidades versales y tanta vaciedad de contenido que vemos en estos días, restos de épicas trasnochadas y purismos a modo del sistema. El poeta uruguayo Ricardo Pallares escribió a propósito de otro libro lo que también podría caberle a Uni-verso: “En medio de los desmoronamientos posmodernos que llevan a confundir semánticas y modos con poesía, este libro procede a una creación autónoma que es relevo y al mismo tiempo testimonio vital y compromiso.”*

Saúl Ibargoyen

*Lucía Izquierdo, Uni-verso, Editorial Fridaura, Editorial Juntaversos, Ars Norte, México, 2015, 69 pp.